Seguramente seamos una minoría quienes podemos afirmar con toda seguridad que sabemos qué comen nuestros hijos e hijas en el comedor escolar. Es más, la mayoría preferimos no pensar demasiado en el asunto, puesto que tampoco podemos hacer gran cosa para remediarlo… Confiamos en que, al menos, se cumplen todas las normas sanitarias, porque  la calidad la damos por perdida…

 

Pero, ¿esta situación es irremediable? ¿Podemos aceptar que nuestros menores y jóvenes sean alimentados por empresas y/o administraciones públicas que priman el coste sobre la calidad? ¿Podemos seguir mirando para otro lado y aceptar que nuestros impuestos contribuyan a eliminar cualquier atisbo de diferenciación en la alimentación,  según la región y la temporada en que vivimos? ¿Podemos aceptar que nuestros jóvenes acaben su etapa educativa sin conocer prácticamente nada de la cultura gastronómica de su país, de su región o del territorio donde viven? ¿O que la obesidad vaya instalándose entre nuestra población más joven como algo inevitable? ¿Podemos hacer algo, como padres, como madres, y como parte de la ciudadanía?

 

Profesionales de la medicina, la cocina o la nutrición demandan desde hace tiempo la  inclusión de la alimentación y la gastronomía en el currículum educativo es, sin duda, algo deseable y necesario, puesto que de este modo tanto los consumidores como los responsables públicos  de mañana serán conscientes del modo en que se  producen los alimentos y las consecuencias sociales, económicas y medioambientales de los sistemas de producción.  Sin embargo, teniendo en cuenta que en España todo lo que suponga introducir cualquier modificación en materia educativa se convierte, automáticamente, en un motivo de conflicto partidista, para desgracia nuestra, parece difícil que veamos esa iniciativa convertida en realidad a corto o medio plazo. Además, de nada servirá la inclusión de esta formación si, al mismo tiempo, no se cambia el menú que se sirve en centros educativos.

 

En los últimos años, han surgido cientos de iniciativas en todo el mundo en defensa de una alimentación sana y sostenible en los Comedores Escolares. Muchas de estas iniciativas están promovidas por padres y madres, alumnado, responsables de centros educativos, Administraciones Públicas, ONG… En España, sin embargo, no se han producido más que “gestos” aislados por parte de algunas Administraciones que no pasan de la mera anécdota. En el menú de mis hijos, que elabora una gran empresa de Catering que opera en casi toda España, veo de vez en cuando algún “macarrón ecológico”, “ensalada con lechuga ecológica”… ¿Eso es todo? ¿Ya está? ¿Así pretenden  convencernos de que comen lo mejor? No, por supuesto que no es suficiente. Es más, casi suena a “tomadura de pelo”. comedores escolares.

 

Pero volviendo a la pregunta inicial: ¿esta situación es remediable? Pues rotundamente, sí. Como padres y como ciudadanos, podemos exigir a nuestros responsables públicos que apliquen criterios de sostenibilidad en sus Compras Públicas, que apoyen y trabajen con los productores locales, que exijan la realización de acciones formativas  dirigidas a los escolares por parte de  las empresas concesionarias de los comedores , que se invierta en formación sobre alimentación y nutrición, tanto  para el personal docente como para quienes, de un modo u otro, intervienen en la cadena de la alimentación escolar: empresas intermediarias, proveedoras, familias, comunidad educativa…en definitiva, que no escatimen en la salud de nuestros  hijos ahorrando en su alimentación.

 

Desde True Food, creemos que todo esto es posible. La Historia de los Hombres Pacientes”, es precisamente una herramienta educativa, apta para toda la familia, que muestra la necesidad de conocer la historia de los alimentos y su relación con nuestra cultura y nuestro entorno.